Educación en América Latina

Educación

América Latina puede compararse con un gran laboratorio económico. Desde mediados del siglo pasado, en diferentes momentos, y más o menos coincidiendo con los cambios de década, se han experimentado los más variopintos modelos. Unos que sugerían la importancia central del Estado como motor del desarrollo hasta otros que veían la panacea en la apertura comercial, la liberación de capitales y la privatización. Recientemente, durante el último “giro a la izquierda”, la región nuevamente apostó por experimentar un nuevo cambio de derrotero hacia el desarrollo. Y la triste historia se repitió. 

Ante tal inestabilidad, urge la necesidad de poder contar con una agenda mínima que, al margen de las ideologías y el gobierno de turno, permita a los países latinoamericanos crecer de manera sostenida, reduciendo la pobreza y la desigualdad. Uno de los puntos indiscutibles para alcanzar este propósito es invertir en educación. Esto no es difícil deducir. La mayoría de países más “avanzados” cuentan con escasos recursos pero, eso sí, una mano de obra altamente cualificada para insertarse en la nueva economía del conocimiento y la cuarta revolución industrial. 

La comparación de Corea del Sur y América Latina es paradigmática. 
En una etapa similar, mientras el país asiático focalizó su estrategia en la educación y la formación integral de sus ciudadanos, América Latina continúo su apuesta por la industrialización y las exportaciones. Los resultados están a la vista. 

La educación, además, no solo tiene una repercusión en el aparato productivo, sino que influye en la visión de la tradición y de actitud frente al cambio en las personas. Asimismo, permite conocer y ejercer derechos y oportunidades; construyendo ciudadanos críticos y libres. 

En el caso latinoamericano, una mejora sustancial en el acceso y calidad de la educación permitiría disminuir el altísimo nivel de desigualdad vigente, resultado de la asimétrica diferencia entre la educación pública y privada, y la dificultad para acceder a la universidad.  Si no se toman decisiones inmediatas, la brecha de conocimiento entre las naciones que desarrollan y utilizan la ciencia y la tecnología provocará exclusión y dependencia.  

Emprendimiento en el Ecuador

Economía

La palabra “emprender” está de moda. Este término conceptualmente ha sido utilizado de forma muy amplia -y a veces imprecisa- pero siempre con una connotación positiva.

Desde una dimensión académica, los emprendedores son individuos que innovan, identifican y crean oportunidades de negocios, montan y coordinan nuevas combinaciones de recursos (función de producción), para extraer los mejores beneficios de sus innovaciones en un medio incierto.

El Global Report 2017/18, publicado por el Global Entrepreneurship Monitor, señala que el Ecuador es el país con la tasa de emprendimiento más alta de los 54 países analizados. Según el informe, uno de cada tres ecuatorianos adultos está vinculado con la creación de un nuevo emprendimiento. Sin embargo, el gran desafío está en que parte de estos emprendimientos no superan los 3 meses de operación: por dificultad de financiamiento o falta de rentabilidad.

Según el informe, nuestro emprendedor tiene en promedio 36 años, con un negocio orientado al consumidor, 11 años de escolaridad y el 48.8% proviene de hogares con un ingreso mensual entre $375 y $750. Además, el 33.4% tiene un empleo adicional a su negocio y el 50.2% es autoempleado. Un dato interesante es que prácticamente la mitad de quienes deciden crear un negocio lo hacen porque “ven una oportunidad” (57.31%) frente a la otra mitad que lo hace por “necesidad” (42.33%).

En un estudio reciente que realizamos en la Universidad del Azuay, bajo la dirección de José Vera y el apoyo de Andrea Freire, encontramos interesantes hallazgos sobre el emprendimiento en Cuenca. La mitad de los emprendemdores están en un rango etario de 26 a 35 años. Dos de cada diez emprendimientos son de caracter tecnológico, en donde se destaca que el 71.4% de los emprendedores tecnológicos tienen estudios universitarios o de postgrado frente a un 53.6% de los no tecnológicos. Asimismo, 7 de cada 10 emprendedores tecnológicos inició su negocio en sociedad; y 6 de cada 10 se dedica tiempo completo a impulsar su negocio.

Finalmente, el camino hacia un crecimiento económico sostenible parte con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales. Así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

El secreto de la felicidad, no es secreto.

General

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Varias investigaciones revelan que, para la mayoría de las personas, la clave de la felicidad se encuentra en acumular a lo largo de su vida una considerable cantidad de dinero; o en alcanzar espacios de reconocimiento social que provoquen que el resto de la gente los conozca y hable de ellos. La felicidad, entonces, pasa ser una lejana quimera, especialmente porque sabemos que ambos propósitos generan un suerte de adicción: incluso si ya tenemos mucho de ambos, querremos más.

Fama, fortuna y poder. Quizá está poderosa relación trinómica es el mejor agente motivador que empuja al ser humano a buscar constantemente su superación personal y profesional; pero definitivamente perseguir (o lograr) estos ideales no coadyuvan hacia un fin ulterior como el de tener o alcanzar una vida feliz. Hace más de dos mil años Buda Gautama ya lo advertía: “no hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”.

Ante esta realidad, desde la Universidad de Harvard nos llega un apasionante estudio (Harvard Study of Adult Development) que identifica científicamente cuáles realmente son aquellas claves que nos conducen a alcanzar un vida de sostenida felicidad. A partir de seguir la pista a la vida de más de 700 personas durante casi 80 años, el Dr. Robert Waldinger concluye que el secreto para llevar una vida saludable y feliz radica en mantener buenas relaciones con cónyuges, familia, amigos y, en general, con la comunidad.

Técnicamente, el hallazgo señala que aquellas personas que mantenían relaciones interpersonales fuertes estaban más protegidas contra enfermedades crónicas, mentales e, incluso, contra la pérdida de la memoria. La soledad, a la larga, mata. No obstante, es oportuno precisar que no se trata de sumar ese “millón de amigos” o conocidos. Todo lo contrario. Como en todo en la vida, se valora la calidad de relaciones, no la cantidad: amistades sanas, duraderas y positivas.

¿Qué podemos hacer? Creo a esta altura del artículo todos tenemos bastante claro los caminos. Menos Snapchat y más reuniones de amigos, fútbol de barrio y barbacoas. Recuperar la ilusión y el asombro a tu relación de pareja: volver a los largos paseos, citas en la noche y sorpresas inesperadas. Y, sobre todo, deponer ese estéril orgullo que nos impide superar los resentimientos con varios familiares y amigos. “Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”, decía con mucha razón el Dalai Lama.

Finalmente, no es necesario volver crear ministerios específicos, con abultados e inútiles presupuestos, para que se ocupen de entender qué es esto de la felicidad. El concepto, por su simpleza y a la vez por su complejidad, se aleja mucho de la manipulación de las diferentes esferas de poder.

La buena vida se construye con buenas relaciones.

Santa Ana de los “Ríos de Quejas”

Cuenca

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Joyas de filigrana, hechas a mano. Fuente: Folleto de fiestas de Cuenca 2017, GAD Cuenca

Hace algunos años, cuando asistía a reuniones de trabajo fuera de la ciudad, siempre me llamó la atención el particular comportamiento de mis colegas cuencanos. Los comentarios y ejemplos utilizados en las sesiones laborales -algunos rozando el chovinismo- siempre ponderaban que en Cuenca las cosas o eran mejores, o podían llegar a serlo en poco tiempo; sea cual sea el tema o disciplina de conversación o análisis.

Lamentablemente, desde hace no mucho he sentido que los cuencanos nos hemos convertido en seres quejumbrosos, negativos y hasta hostiles con nuestra tierra.

Es innegable que durante este lustro hemos sufrido una serie de problemas, percances y contratiempos; quizás sin parangón nuestra historia; sin embargo, la queja y el descontento con nuestra ciudad está llegando a niveles extremos que, incluso, “quejarse” ha pasado a convertirse en la muletilla de emergencia para romper el hielo e iniciar conversaciones en diferentes espacios.

Ante esto, estamos a tiempo para que recuperemos el orgullo de ser cuencanos. Cuenca representa la combinación más deseable de varias cosas. Es sus calles, plazas, casas, iglesias, parques, puentes, museos y ríos. Cuenca es también industria, comercio, gastronomía, artesanía, turismo, historia y tradición.

Pero, por sobre todas las cosas, CUENCA ES SU GENTE.

A nivel nacional nos identifican como ciudadanos cultos y educados, resultado de contar con centros de estudio de alto prestigio en el Ecuador, así como de una larga herencia de instituciones y personajes vinculados con el arte, la cultura, las ciencias e incluso la política.

En lo público y en lo privado, nuestros profesionales son muy requeridos en todas las ciudades, pues ser de Cuenca ha llegado a ser sinónimo de capacidad, honestidad y trabajo responsable.

El cuencano también es emprendedor. Pese a las dificultades históricas de conectividad y logística -todavía muy vigentes-, ha sabido utilizar con inteligencia los recursos disponibles para desarrollar interesantes proyectos de negocio y empresa, a diferentes niveles y alcance.

Y la lista podría extenderse ampliamente. Es así que cada dardo que lanzamos contra la ciudad, sea que apunte a algún político o a una autoridad, a la larga nos hiere a todos en nuestro orgullo, autoestima y sentimiento por Cuenca. Reducir nuestra apreciación y valoración de la ciudad a solo los problemas de obra pública, deja un sabor de ingratitud con nuestra histórica idiosincrasia y especialmente con aquellos que a diario estudian, trabajan y se esfuerzan por hacer de Cuenca una mejor ciudad.

Hay temas pendientes en la ciudad cuya solución, obviamente, está fuera de nuestro alcance y recae en la cancha de las autoridades, en sus diferentes niveles. Es justo, por supuesto, presionar, reclamar y exigir. Sin embargo, existen muchos otros asuntos en la ciudad que requieren inmediata acción y sobre los cuales sí podemos actuar, tener incidencia y marcar la diferencia.

¡Recuperemos el orgullo de ser cuencanos!

Articular la gestión turística en Cuenca

Cuenca, turismo

El Cajas

El Cajas, Cuenca, Ecuador. Fuente: cuenca.com.ec

Desde una perspectiva turística, el feriado del 3 de noviembre pasado fue un éxito rotundo. Cerca de 200 000 personas de todo el país disfrutaron de las actividades festivas, se ocupó el cien por ciento de toda la capacidad hotelera de la ciudad y se inyectó algunos millones de dólares a la economía local. El panorama es alentador para un sector que, durante los últimos años, ha sido golpeado sucesivamente por la crisis económica, las obras en el centro histórico y los problemas de conectividad interna.

Sin duda, este repunte del turismo en la ciudad no es casualidad. Desde los diferentes niveles de gobierno se organizaron campañas promocionales en otras ciudades, eventos musicales, festivales, concursos, ferias, fiestas populares, entre otros atractivos, con el propósito de incentivar la llegada de turistas nacionales. Igualmente, el sector privado también amplió el abanico de atracciones con conciertos, tours, nuevos almacenes y una vasta oferta de actividades nocturnas. Desde todos los frentes, se evidenció un gran esfuerzo.

De la misma manera, desde el GAD Municipal de Cuenca también se han realizado interesantes gestiones de relaciones públicas que han conducido a que la ciudad obtenga galardones como el World Travel Award, llamado el “Oscar” del turismo; y la certificación Destino Sostenible, entregada por la consultora alemana Tourcet. En la misma línea, gracias a la gestión de la asambleísta cuencana Lourdes Cuesta, la Asamblea Nacional reconoció por unanimidad a la ciudad como Destino Turístico de Calidad, mismo que será oficializado a través de un Acuerdo Ministerial. En definitiva, pareciera que el turismo ha recobrado su fuerza y relevancia en todos los espacios de la sociedad.

El próximo paso, en mi opinión, consiste en articular a todas las instituciones, públicas y privadas vinculadas al turismo, hacia la consecución de objetivos concretos para potenciar a la ciudad como destino turístico nacional e internacional. Si la ciudad contara con solo un Plan Estratégico de Turismo, sin duda se optimizaría los recursos y presupuestos de todas las organizaciones y el impacto final sería mucho más contundente.

Basta con imaginar qué pasaría si el Festival de Cine La Orquídea no fuese solo la iniciativa de una institución, sino un esfuerzo mancomunado de todos los niveles de gobierno, academia y empresa privada. Para empezar, se podrían impulsar Ordenanzas para garantizar los fondos anuales para su organización (y evitar cancelaciones), la publicidad -al ser ejecutada por varias instituciones- tendría un mayor impacto a nivel local, nacional e internacional; se contaría con más espacios físicos para funciones, actividades académicas y sociales. Si todo esto pasara, no sería descabellado soñar que nuestro festival de cine llegue a ser el “San Sebastián” de Latinoamérica.

En fin, cumplir estos grandes sueños es mucho más fácil si todos los actores comparten una misma visión que los conduzca a que cada actividad diaria, por más pequeña que esta sea, contribuya a la consecución de objetivos suprainstitucionales. Quizás la academia, por su naturaleza universal y pluralista, puede ser la entidad que convoque y abra este primer espacio de convergencia en donde, por lo menos, se pueda llegar a definir los primeros objetivos a largo plazo para la construcción de la tan necesaria marca ciudad.

Todo dependerá de la voluntad política de quienes están al frente.