Contradicciones contemporáneas

Educación, sociedad, tecnología

Un buen profesor que tuve decía que el mejor estudiante no es el que tiene buenas respuestas, sino aquel que hace las mejores preguntas.

Quizá para vivir sabiamente también no se requiera buenas respuestas sino acertadas preguntas.

La complejidad del mundo moderno -con un descontrolado avance tecnológico e infinito flujo de información-, en su afán de “facilitarnos la vida” más bien está contribuyendo a acentuar las contradicciones.

Recientemente, Facebook anunció un rediseño histórico en su interfaz: ahora dará más prioridad a la interacción en los grupos, apostando a fortalecer las comunidades de personas con intereses afines.

Sin embargo, mientras más conectados estamos, más solos nos sentimos. Como señala el historiador israelí, Yuval Noah, vivir conectados no necesariamente implica vivir en armonía; pues en el mundo virtual con un clic se puede escapar de una persona desagradable o incómoda, pero no es posible darle “unfollow” a un vecino o compañero de trabajo.

De la misma manera, mientras los servicios de mensajería y redes sociales invierten ingentes recursos para acelerar y ampliar al máximo la capacidad de mantener a las personas conectadas entre sí, emergen con fuerza alrededor del mundo nuevos nacionalismos distorsionados que recurren a la herramienta más primigenia para defender el territorio y separar a las personas: los muros de piedra.

Por otra parte, esta “cuarta revolución” ha dado inteligencia a las máquinas, y cada vez más procesos industriales y comerciales pueden ser automatizados. En el nombre de la productividad y la competitividad, se eliminan puestos de trabajo mecánicos y físicos, bajo el ofrecimiento de que aparecerán nuevas profesiones, hasta hoy desconocidos.

¿Qué pasará con los países que no puedan insertarse en esta nueva economía? La única respuesta posible es un escenario en donde se acrecienten las desigualdades y se concentre aún más la riqueza en los países más desarrollados. Hace un par de años, Stephen Hawking ya abrió el debate: “(…) el auge de la inteligencia artificial será lo mejor o lo peor que le haya ocurrido a la humanidad. Aún no sabemos cuál”.

En este contexto de contrasentidos, querer asumir el reto de ser un paladín antisistema es loable, pero poco efectivo. Detener el avance de la tecnología es casi imposible. No obstante, podemos ser esos buenos estudiantes y empezar a poner en el tapete las preguntas ¿qué tipo de uso daremos a las nuevas tecnologías?

Elecciones en España 2019

Política, sociedad

Todo proceso electoral trae sorpresas. A pesar de que días antes de las elecciones generales de España, celebradas el pasado domingo 28 de abril, ya se tenía un claro panorama de lo que ocurriría, las reacciones ante el resultado final dejan varias conclusiones y permiten ensayar diferentes escenarios de lo que se viene. Repasemos lo ocurrido.

LO ESPERADO. El Partido Socialista Obrero Español, PSOE, encabezado por el actual presidente Pedro Sánchez, alcanzó 122 de los 176 escaños necesarios para gobernar sin coalición. Esta circunstancia, común en los sistemas parlamentarios europeos, obligaría a que los socialistas- para alcanzar gobernabilidad- hagan coalición con Unidas Podemos de Pablo Iglesias, así como con varias organizaciones políticas de izquierda y nacionalistas.

NUEVOS PROTAGONISTAS. Ciudadanos, partido liberal-progresista liderado por Albert Rivera, registra 57 escaños y se posiciona como la tercera fuerza política de España. Esta condición afianza el liderazgo de Rivera en el espectro del centro hacia la derecha y lo aleja de cualquier posible acuerdo con el PSOE para hacer gobierno.

EL GRAN PERDEDOR. El conservador Partido Popular, que en 2016 alcanzó una bancada de 137 legisladores, hoy debe conformarse con unos discretos 66 escaños. La lectura que se advierte es que los grupos de poder tradicionales migrarán su apoyo hacia Ciudadanos, opción nueva, fresca y más moderada. En el corto plazo, difícilmente podrán recuperarse los populares de este bajón.

LA NO TAN SORPRESA. Con la consigna de “hacer España grande otra vez”, los ultraderechistas de VOX irrumpen en el tablero con 24 legisladores. Asimismo, se le endosa a este partido parte la responsabilidad del fracaso del Partido Popular, al presentarse como una alternativa más conservadora, especialmente en temas de inmigración.

¿QUÉ LE ESPERA A ESPAÑA? Una legislatura larga y complicada para Sánchez. El apoyo de Pablo Iglesias no será gratuito, y desde el inicio tratará de negociar ministerios y espacios de poder; asimismo, no faltará uno que otro chantaje de los independentistas a cambio de consignar su respaldo. 

La victoria, que fue ajustada, se explica por el fraccionamiento de la derecha, así como el miedo que generó el radicalismo de VOX, el cual movió indecisos hacia el socialismo, como medida de protección. Sin embargo, en este frágil escenario, una mala gestión de Sánchez puede entregarle en bandeja el poder a sus rivales en las próximas contiendas municipales.

¿Somos dueños de nuestro destino?

Citas, sociedad

¿Somos dueños de nuestro destino? Que tal si esa “libertad” de la que tanto hablamos -y que además defendemos a ultranza- no es más que una efímera ilusión.

Kant, ya desde el siglo 18, advertía que no es posible encontrar un argumento que pruebe la existencia de lo llamamos “el libre albedrío”; pues, finalmente, en el uso teórico de la razón lo que se busca siempre es encontrar las causas. Hablamos, concretamente, del famoso “determinismo”.

Esta doctrina filosófica, en esencia, sostiene que todo acontecimiento, físico, mental y humano esta causal-mente determinado por una irrompible cadena de sucesos causa-consecuencia.

El estado actual “determina”, así, el futuro. Todo es causal y nada es casual. El azar no existe, al igual que nada se crea de la nada.

Tú eres quien debías ser y tu misión en la tierra no es más que una consecuencia de las leyes de la naturaleza y de aquellos acontecimientos de un pasado que, quizás, ni siquiera lo has vivido.

Pierre-Simon Laplace, astrónomo y físico francés, al respecto decía que debemos mirar el estado presente del universo como el efecto del pasado y la causa de su futuro.

Más adelante, célebres pensadores como Spinoza, Schopenhauer, Schiller y Steiner, a partir de sus reflexiones, han dado ese necesario sustento filosófico a esta creencia.

¿Tú te crees libre porque, a tu juicio, eres consciente de tus voluntades y deseos? Sin embargo, ignoras las causas que te llevaron a tener y sentir esos deseos. Esta circunstancia, de acuerdo a Spinoza, se convierte en una sucesión interminable de causas determinadas por otras causas, y así hasta el infinito.

Por otra parte, en su quehacer diario, el hombre también es esclavo de su herencia, del entorno, de las leyes, de las costumbres y tradiciones de la sociedad, de las presiones de su grupo social, de su trabajo, de su sueldo.

Queda muy poco margen de maniobra. Más bien, el ser humano enfrenta a diario serios dilemas para elegir el camino correcto entre tantas opiniones y presiones que retumban y crean conflicto con sus emociones y sentimientos.

Sin embargo, desde lo macro, todo esto no es más que movimientos a tres casillas dentro del ajedrez de la vida, manejado por fuerzas superiores que dominan y son dueñas del tablero.

El sendero está trazado. Podemos ir más rápido, más lento, hacer pausas, saltos, ¡ir en zigzag! Incluso, tomar un atajo; no obstante, llegaremos siempre al mismo lugar.

Mileniales

sociedad

Tienen entre 22 y 37 años. Vivieron la época de los más vertiginosos cambios tecnológicos de la historia de la humanidad. Son individualistas, digitales y aventureros. Nacieron con una marcada conciencia global y medio ambiental. Es la generación que está produciendo las más profundas transformaciones de la historia. Son los mileniales.

A pesar de no existir pleno consenso, la generación del milenio incluye a todos aquellos nacidos entre los años 1981 a 1996. Es decir, en este momento el 30% de la población latinoamericana corresponde a este grupo etario. Por ende, su significativa representatividad numérica nos obliga a entender a profundidad quiénes son estos nuevos actores de la sociedad: sus gustos, preferencias e ideales.

Desde un retrato general, vemos a un grupo de jóvenes hiperconectados que sienten que el smartphone es una extensión de su cuerpo. Prefieren el internet a la televisión y la publicidad clásica poco o nada cala en sus preferencias. Destinan largas horas a la creación de alter egos virtuales que interactúan en las redes sociales para construir la imagen de una vida perfecta. Aunque la realidad diste mucho de tal proyección.

También son críticos y exigentes. Reclaman a la sociedad nuevos valores como la transparencia, la sostenibilidad y el compromiso social. El buen trato a los animales y el cuidado del medio ambiente, asimismo, son condiciones mínimas, no negociables.

Pero también es una generación con muchas presiones. Como lo advierte el filósofo coreano Byung-Chul Han:

“se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”.

El sistema se ha perfeccionado tanto que esta generación se “explota sola” en su búsqueda de este nuevo entendimiento del éxito: viajar, emprender, poseer tecnología o, simplemente, ser diferente en una sociedad que solo tolera diferencias controlables.

Por otra parte, al haber sido criados en entornos sobreprotectores, en el mundo laboral enfrentan profundas contradicciones. Al momento de tener un jefe, un horario y una rutina descubren que no son tan especiales como sus padres les hicieron creer. Empiezan a entender que la vida está hecha de sacrificio y que no pueden tener todo con solo desearlo.

Finalmente, es indiscutible que es la generación más preparada de la historia: autodidactas, hipermodernos, superconectados. Tolerantes y globales. También, solitarios e individualistas. Son los mileniales y están cambiando la sociedad como nunca antes.

Treinteenagers: la no tan nueva adolescencia.

sociedad

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Solteros, sin hijos y sin deudas. También sin trabajo fijo, compromiso formal o casa propia. A pesar de que su cuerpo ya empieza a dar señas propias del tercer piso, mantienen los hábitos, actitudes y aficiones de su pasada década de los veinte. En definitiva, un grupo de adolescentes tardíos que se niega a madurar.

En nuestra sociedad, llegar a los treinta es (¿o era?) sinónimo de adultez y responsabilidad. De matrimonio e hijos. Sin embargo, este grupo se niega a seguir los estándares sociales tradicionales. Todavía frecuentan los bares y discotecas de moda, viajan cuando lo desean y, ante todo, disfrutan de uno de los mejores escenarios posibles: tener ingresos y libertad para gastarlos.

Por supuesto, ser un “treiteenager” puede ser también un estado cargado de soledad y nostalgia. Conforme cada miembro de su grupo original de amigos da el inevitable paso hacia la adultez (¿casarse?, ¿préstamo hipotecario?, ¿trabajo fijo?, ¿paternidad? …), empieza a faltar ese compañero de aventuras y esos vacíos sentimentales de fin de semana empiezan a ser llenados con series y películas de los noventa, escuchar a Nirvana y Smashing Pumpkins, o, simplemente, divagar sobre su rol dentro del concierto de una sociedad en la que a momentos sienten que no encajan.

En cada país y región este nuevo segmento demográfico de adolescentes está en franco crecimiento, sin duda por circunstancias distintas y con comportamientos difíciles de generalizar. Algunos, finalmente, “sentarán cabeza”; otros, quizá, seguirán en su cruzada de enfrentar el “establishment”, vivir su libertad y, por qué no, convertirse en “cuarenteenagers”.

Proforma 2018: ¿crecerá la economía el 2.04%?

Economía, sociedad

economy

Si bien es plausible y responsable que el Ejecutivo haya reducido el monto total de la Proforma Presupuestaria 2018, a primera vista las previsiones macroeconómicas utilizadas para su elaboración, especialmente la de crecimiento económico, son todavía bastante generosas. A partir de un análisis técnico realizado entre el Ministerio de Finanzas, el Banco Central y Senplades, el Gobierno estima que en 2018 el Ecuador alcanzará un crecimiento real del PIB del 2,04%. Sin embargo, esta expectativa dista mucho de las previsiones de los principales organismos internacionales que realizan estas simulaciones.

El último informe del Fondo Monetario Internacional, relativo a las Perspectivas de la Economía Mundial, advierte una sostenida recuperación de la economía global, con una media de crecimiento del 3.6% para el 2018. No obstante, el mismo Fondo también reconoce que muchos países se han quedado fuera de este proceso de recuperación económica; especialmente aquellos exportadores de combustibles; lo que lleva a que los modelos econométricos del FMI proyecten que el Ecuador solo crecería un 0,6% durante el próximo año.

Un dato más optimista, pero todavía muy alejado de las aspiraciones de los economistas ecuatorianos, es el presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL. En la actualización de sus datos macroeconómicos realizada el mes pasado, se pronostica un crecimiento general de la economía regional para 2018; sin embargo, Ecuador solo registra un crecimiento del 1%, el tercero más bajo luego de Venezuela y Cuba.

Quizás estas estimaciones estén equivocadas y se cumpla el supuesto del gobierno ecuatoriano. Ojalá así sea. No obstante, no debe pasar desapercibido que el crecimiento de la economía en la proforma se sustenta en más endeudamiento, nuevos impuestos y restricciones para la importación. El plan económico remitido a la Asamblea conjuntamente con la Proforma, a mi parecer, no incluye acciones contundentes para reactivar la economía, sino solo medidas temporales para generar liquidez y cubrir gastos inmediátos.

Por supuesto, celebro que en la proforma se dé especial interés en el gasto social, entre estos al plan Toda una Vida, ofrecido en campaña; sin embargo, de acuerdo a las condiciones actuales, el gobierno gasta más de lo que gana, y se vuelve imposible sostener algunos números. Urge, en este sentido, el desarrollo de un verdadero plan económico que siente bases a largo plazo y plantee objetivos concretos para la estabilización de las cuentas fiscales y el fortalecimiento del sector privado.

El camino hacia un crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales. Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

El silencio de los inocentes

redes sociales, sociedad

censor

Como están las cosas, hoy en día tenemos que pensar más de una vez lo que queremos decir o -con mayor rigurosidad- publicar en internet. La censura, actividad que otrora era ejercida con exclusividad por el bando conservador, últimamente ha adquirido nuevas facetas y matices bajo la conducción de las alas más progresistas de la sociedad. No es extraño ver que, desde cada frente, se forman ejércitos digitales organizados al servicio de la dictadura de lo políticamente correcto.

Hace poco meses, el puritanismo clásico activó todas sus células para condenar -y finalmente reubicar- el controversial ‘Milagroso Altar Blasfemo’, exhibido en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, propuesto por el colectivo boliviano Mujeres Creando.  Una vez más, la sociedad tradicional ha demostrado que no ha claudicado en su histórica cruzada por la defensa de sus valores religiosos y familiares. Para este segmento, el arte es territorio de la libertad, siempre y cuando no atente a sus creencias y status quo.

Sin embargo, hasta cierto punto este tipo de reacciones curuchupas no llaman la atención. A lo largo de la historia del Ecuador, la Iglesia católica ha tenido fuerte injerencia en varios gobiernos y su toque particular ha estado presente en la definición de políticas,  formulación de leyes y, muy especialmente, en el proceso de decidir qué está bien y qué está mal para la sociedad y la familia. De un día para el otro, es difícil renunciar a esta larga herencia de condenar todo aquello que se oponga a la moral cristiana.

Pero lo novedoso -a mi juicio- está en la esquina del frente: en la izquierda, en el progresismo; sector político que toda la vida lucho contra los dogmas, por la libertad de expresión y pensamiento. Hoy, los progresistas, en su afán de reafirmar los derechos -que con mucha justicia han logrado alcanzar varios grupos históricamente excluidos- han montado una maquinaria mediática al servicio de la corrección política. “Negro”, “gordo”, “maricón”, “indio”, “puta”, entre otras; son palabras deben ser empleadas en cualquier discurso con una precisión solo comparable a la de la cirugía de alta complejidad. Se están llegando a excesos en donde el no repetir el “los y las, el y la” -cinco veces en un párrafo- puede valernos la etiqueta de retrógrados o enemigos de la inclusión.

Por supuesto -y que quede muy claro-, no se trata de justificar el insulto, el machismo o el racismo. Para nada. Simplemente, pretendo evidenciar que, bajo la tiranía de la corrección política, se están convirtiendo en insulto palabras que antes no lo eran, y estamos convirtiendo en seres obsesionados en no ofender. Y son en estos contextos capciosos en donde personas que se atreven a decir sin tapujos lo que piensan, de forma radical, empiezan a brillar y ser referentes para las masas: Trump. 

Hoy, conservadores y progresistas convergen, luchan y muestran sus armas en territorio hostil: las redes sociales. Sin necesidad de conscripción previa, todos estamos invitados a enlistarnos en uno de los ejércitos y ser un soldado censor más, con la noble misión de buscar, identificar y condenar a quien comenta cualquier ‘crimen lingüístico’. La represión y el escarnio ya no viene desde la autoridad, sino de la misma sociedad. De nuestros pares e iguales. Juan Soto Ivars define a esta evolución de la censura como postcensura, una censura posmoderna, que ya no es vertical sino horizontal.

Ante tal presión, quedan pocas trincheras (quizás el humor); pero lo más cómodo ha sido convertirnos en hábiles creadores de eufemismos que nos alejen lo más posible de tener en nuestro historial algún desafortunado hashtag (#machista #racista #correista #opositor). Como señala Javier Marías, «la lengua sirve para unir y para separar, para acercar y alejar, atraer y repeler, engañar y fingir, para la verdad y la mentira».

La única censura tolerable es la autocensura.

Nacer en el mundo

General, sociedad

nacer

El nacimiento de un niño, en cualquier parte del mundo, es un acontecimiento especial. Desde el momento del alumbramiento, el bebé pasa a ser lo más importante en la vida de sus padres, el hogar y la familia. Ante esto, a lo largo de la historia, pueblos y culturas del mundo han ido construyendo tradiciones y ceremonias para dar la bienvenida al nuevo integrante de la familia.

Los invito a viajar y conocer algunas de estas.

Empezamos nuestro recorrido en el Pacífico. En Bali, Indonesia, el bebé es considerado un ser divino por lo que, ante tal cualidad, al nacer no puede tocar el impuro piso. Solo seis meses después, el infante toca “tierra firme” en una ceremonia llamada otonan, en la que se subsanan los errores y males de su vida pasada para lograr una mejor existencia.

Siguiendo con nuestro recorrido, llegamos a la península escandinava, a Finlandia. A pesar de sus gélidas temperaturas, el primer moisés sobre el cual hace sus primeras siestas el recién nacido no es más que una sencilla caja de cartón con un colchón pequeño. Esta tradición, que ya tiene más de 75 años, se ha mantenido por una política pública del gobierno central de entregar a las mujeres embarazadas un ajuar completo para el bebé que, a más de ropa, pañales reutilizables y productos para el baño, incluye esta cajita, a la que -incluso- se le atribuye coadyuvar a que el país tenga una de las menores tasas de mortalidad infantil del mundo.

Paseando por otros lugares de la vecindad escandinava, llegamos a las no menos frías Suiza y Dinamarca. Y vale hacer una comparación. Mientras repetimos como loros a nuestros hijos el “abrígate para que no te enfermes”, en estos dos países hacen absolutamente lo contrario: los padres dejan a sus niños en la calle, patio o balcón para que hagan su siesta en el coche, cobijados por una agradable temperatura bajo cero. Por supuesto, talvez solo así se pueden desarrollar suficientes defensas para vivir y soportar tales inviernos extremos.

Al sur de Europa, y con unos cuantos grados más de temperatura, en España encontramos la localidad de Castrillo de Murcia. Ahí se celebra anualmente, durante el Corpus Christi, El Colacho, festival en el que extraños personajes vestidos de arlequín y cubiertos con máscaras de diablo, recorren la ciudad saltando sobre colchones en los que reposan los recién nacidos de ese año. Esta temeraria gimnasia -que estremece de nervios a más de una madre- se realiza ya cuatro siglos, con el propósito de purificar a los niños y protegerlos de enfermedades en el futuro.

En Trinidad y Tobago son más pragmáticos. En la primera visita que se realiza para conocer a la criatura, el visitante tiene que cerciorarse de llevar consigo algo de dinero pues, según la tradición del país, hay que colocar algo de efectivo entre sus pequeñas manos, a fin de que el destino les augure prosperidad y bendiciones. Pero ojo, no podrá hacer esta visita después de las seis de la tarde, pues, según la creencia, el rocío de la tarde podría enfermar al bebé.

Luego de pasearnos y aprender sobre las costumbres en otros continentes, regresamos a casa, a Ecuador en donde, desde la cosmovisión andina, el parto es un ritual ancestral. Aquí, la partera es portadora de toda la sabiduría de la comunidad indígena y conduce la ceremonia de alumbramiento. Arregla y purifica el cuarto, se encomienda a la energía de la naturaleza, bendice el vientre; con todo preparado, maneja las contracciones de la mujer y procura que el cuerpo de la parturienta esté siempre abrigado.

El alumbramiento es un instante sagrado. La matrona recibe al bebé entre sus manos y le entrega oralmente palabras dulces de bienvenida que marcan el inicio de su cultura e identidad. El niño actuará en su vida de acuerdo a como haya venido al mundo, según la creencia ancestral. Asimismo, como parte del ritual, la placenta de la madre se envuelve en una manta y se entierra bajo un árbol, cerca de la casa, para que el recién nacido no olvide nunca sus orígenes.

Finalmente, una de las tradiciones más extendidas en el mundo -y ampliamente practicada entre nosotros- es amarrar en el brazo izquierdo del recién nacido un pequeño hilo de lana, de color rojo, para protegerlo del temible mal de ojo, que no es más que una intensa energía negativa emanada de las miradas de las personas. Esta pulsera, gracias a su color, disuade las miradas y protege al bebé de estas energías negativas.

Ceremonias, tradiciones, rituales, amuletos; a la larga, todos estos elementos tienen un mismo propósito: proteger al recién nacido de los peligros del entorno y asegurar una vida llena de prosperidad y bendiciones.

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

sociedad

VanidadLa vanidad es considerada como el original y más serio de todos los pecados, incluso, se ha llegado a establecer como la fuente de la cual se derivan todos los otros. Tal dimensión tiene esta apreciación que el ensayista inglés, John Milton, en su obra El Paraíso Perdido, detalla que este es el pecado que cometió Lucifer al momento de querer igualarse o superar a Dios.

Partiendo de un análisis semántico, la vanidad se relaciona con “lo vano” y se refiere a estar pendiente o preocupado por cosas sin importancia, por lo que, en estricto sentido, es claro que tener una sana preocupación por uno mismo, sea nuestra salud o imagen física, no debería ser vanidad.

Sin embargo, es importante analizar otras dimensiones de la vanidad, entre estas, la faceta en la que a veces la encontramos disfrazada de “humildad”. Ernesto Sábato, en su obra El Túnel, la describe con su lucidez característica:

Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su for­ma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tro­pezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia…

La vanidad puede estar oculta en la esencia de muchos actos cotidianos, en principio generosos y abnegados: Cuando hacemos una obra de caridad, que per se es un actitud solidaria y altruista, puede haber detrás un vanidoso deseo de esperar ser felicitados, aprobados y apreciados por esta acción.

Sin embargo, podríamos profundizar aun más. ¿Hasta qué punto está mal desear ser “bien visto” por el resto? Un posible criterio de evaluación y respuesta a la pregunta podría ser el nivel de egoísmo que acompaña ese deseo: si por buscar brillar, destacarnos o ser felicitados olvidamos a la gente que nos rodea, sus necesidades y circunstancias, estaremos frente a ese nocivo e inmoderado amor a nosotros mismos que sólo cuida el interés propio.

Ante esto, recae en nosotros el hacer periódicamente un autoexamen sobre nuestra conducta y evaluar cuánto se han adueñado los vicios de nuestro destino. Para ilustrar el tema, cabe una historia: Marco Aurelio “el sabio”, emperador de Roma, gustaba de pasear por las calles y plazas de la ciudad, en donde era vitoreado y aclamado por los ciudadanos como si fuese un especie de semidiós. Para evitar ser presa de la corrosiva vanidad, el Emperador adquirió la costumbre de ser acompañado por un esclavo, quien, entre aclamaciones y vítores, siempre le susurraba al oído, “¡mira tras de ti! Recuerda, solo eres un hombre.

La vanidad no es un vicio a menos que se manifieste en un grado extremo; e igualmente la humildad deja de ser una virtud si es exagerada.

Juventud, ¿divino tesoro?

sociedad

millennials-on-mobilesSi observamos el comportamiento de los jóvenes en el hogar, la escuela o la calle, más de uno se preguntará con recelo: ¿Hacia dónde va la sociedad? ¿La juventud está perdida? ¿Cómo serán nuestros gobernantes del mañana?

Resulta difícil entender a esta nueva especie de criaturas que destinan largas horas del día a construir alter egos digitales para interactuar unos pocos minutos entre sí a través de las redes sociales; mientras que en el mundo terrenal sus inseguridades, decepciones y problemas los llevan querer replicar estos paraísos artificiales gracias a estimulantes y alucinógenos.

Pareciera que los jóvenes solo buscan vivir los placeres del momento. No tienen rumbo definido: su única motivación es poder capturar el mejor selfie con el grupo de gente más popular del medio o con el artista/deportista de moda. Ante nuestro intento de conectarnos con ellos, nos responden escandalosos, irrespetuosos y extravagantes.

¿Tenemos esperanza? Lo expuesto me lleva a citar una concluyente reflexión:

“Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos”. Estas líneas, que parecieran describir nuestra sociedad contemporánea con una precisión de diccionario, fueron pronunciadas por el filósofo griego Sócrates, aproximadamente 400 años antes del nacimiento de Cristo.

No queda duda que la insolencia juvenil, finalmente, es una enfermedad milenaria.

Seguramente, esa ‘memoria selectiva’ que tenemos los seres humanos es la que elimina de nuestro recuerdo aquellas escenas de rebeldía y superficialidad propias de la temprana juventud y, más bien, nos pone a primera mano de consulta la corrección política, el status quo y los principios más conservadores.

Cada error cometido, lección aprendida o época superada, es un elemento más que construye nuestro espejismo mental de un mundo arquetípico en el que todo tiempo pasado fue mejor. Y olvidamos que, algunos años atrás, recibimos las mismas críticas y reclamos. Nos parecemos más al tiempo que nos toca vivir que, incluso, a nuestros padres.

Los jóvenes siguen siendo irreverentes, autosuficientes y arrogantes; per es esta misma generación (con su visión, preparación y forma de hacer las cosas) la que está transformando la historia de la humanidad como nunca antes.

Si a pesar de lo expuesto, usted sigue ‘nervioso’ sobre lo que nos espera, tenga presente las palabras de George B. Shaw: “la juventud es un mal que se cura con los años”.