Legalicen UBER en Cuenca

Cuenca

La innovación constante es la única manera de mantenerse competitivo en un mercado cada vez más global.

Esta realidad está presente en las decisiones diarias de empresarios y emprendedores, pues finalmente en una economía de libre comercio ninguna ventaja es sostenible en el largo plazo. El comercio es dinámico.

Aunque este antecedente parezca una obviedad, acabo de toparme con una triste noticia que me da a entender lo contrario.

El sector del taxismo organizó una marcha en la capital exigiendo que en la Ley de Transporte se prohíba la operación de Cabify, Uber y servicios similares. La protesta estuvo acompañada -como es costumbre- de piedras, golpes, insultos y amenazas.

Más allá de analizar esta violenta conducta, me resulta incómodo que las autoridades no tengan todavía la entereza de tomar una decisión firme y definitiva respecto al futuro de estos servicios alternativos de transporte. Incluso, en Cuenca el tema es casi un tabú.

El taxismo tradicional mantiene un caduco modelo de negocio. Invariable desde su origen. En mi experiencia, la mayor “innovación” ha sido contar con un número teléfono o aplicación móvil para solicitar una unidad.

No es suficiente: las quejas sobre la atención y estado de los vehículos son recurrentes, resultado tal vez de las exiguas barreras para ingresar al negocio y de todos las “particularidades” alrededor de los cupos para operar.

Por otra parte, tomemos el ejemplo de Uber. Con este servicio, el usuario elige el vehículo, acorde a su necesidad y presupuesto. El pago es automático con nuestra tarjeta de crédito vinculada a la aplicación. Las rutas están trazadas, así como el tiempo estimado de traslado, facilitándonos la planificación del día.

Asimismo, pasamos a formar parte de una gran comunidad de usuarios que continuamente evalúa el servicio re-cibido. En definitiva: calidad y seguridad.

Sin duda, el servicio tendrá sus desventajas frente al taxi tradicional; y es ahí donde los usuarios evaluaremos todas las opciones disponibles para elegir la que más nos convenga.

En un sondeo que realicé en diferentes redes sociales, en promedio más del 80% de los encuestados está de acuerdo en una eventual legalización de este servicio. El estudio puede ampliarse, pero el resultado no variará demasiado.

En definitiva, el mensaje para las autoridades es claro: es momento de asumir el reto de hacer las cosas de manera diferente, de adaptarnos a los cambios tecnológicos y abrir el espectro hacia una sana competencia de la cual el principal beneficiario será el usuario.

Eso es innovar para mejorar.

Con mi Netflix no te metas

cine, Cuenca, Economía

La semana anterior, el viceministro de Finanzas, Fernando Carrillo, anunció que para la próxima reforma tributaria el gobierno analiza gravar con impuestos a varios servicios digitales como Netflix y Spotify.

El argumento fue que estos servicios digitales (al igual que Uber y Cabify) requieren ser formalizados. No obstante, todos intuimos la verdadera motivación: se requiere subir los ingresos públicos, vía impuestos, para alcanzar las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.

De aprobarse en la Asamblea, este impuesto se sumaría a una larga cadena de tributos que ya estamos honrando para acceder a este servicio: el IVA de los dispositivos digitales para acceder a la plataforma, en algunos casos el ISD por ser un pago en el exterior, el IVA del proveedor de internet, el IVA del plan de celular, entre otros.

Por otra parte, si la intención es cobrar el impuesto como un recargo en el pago de la tarjeta de crédito, el afectado -como siempre- sería el usuario; por lo que un importante segmento de varios miles de ecuatorianos empezaría a pagar más para acceder a la plataforma.

En otras palabras, ver una película con la familia nos costará más dinero porque solo así se podrá seguir sosteniendo la obesa e ineficiente estructura estatal que todavía no entiende la más elemental y primigenia regla financiera: gastar menos de lo que se gana.

Pero lo del Netflix es solo un ejemplo (y por supuesto, lo de “con mi Netflix no te metas”, una inocua artimaña para captar atención).

Vamos a lo de fondo.

Lo que realmente preocupa es que la política económica para generar crecimiento no dista mucho de la aplicada en el pasado reciente: endeudamiento agresivo, restricciones al comercio y, sobre todo, nuevos impuestos.

Esta visión cortoplacista no cimenta bases para reactivar la economía, sino solo produce espejismos temporales de liquidez para cubrir las obligaciones más inmediatas.

El camino hacia un verdadero crecimiento económico sostenible inicia con la generación de un entorno que incentive y facilite la creación de nuevos emprendimientos y el desarrollo empresarial: a partir de ofrecer seguridad jurídica, estabilidad tributaria y disminución de barreras comerciales.

Solo así se generan nuevas plazas de trabajo y, por ende, nuevos ingresos para las familias ecuatorianas, con nuevas oportunidades, calidad de vida y bienestar para el ser humano.

Corpus – Raymi

Cuenca

Una fiesta de colores, luces y sabores. El Corpus Christi, desde hace ya casi doscientos años, es una de las épocas más especiales en el calendario morlaco.

Durante siete días (Septenario), en la Catedral de la Inmaculada se celebran misas diarias en honor al “cuerpo de Cristo” que terminan en vistosas fiestas, llenas de juegos pirotécnicos, música tradicional y golosinas azucaradas.

Paralelamente -y cada año con más entusiasmo-, en varios lugares de la región austral se celebra el Inti Raymi, ceremonia de origen incaico que se realiza durante el solsticio de invierno en el hemisferio sur, en honor al “dios Sol” (o Inti).

Según los cronistas, para los incas, en cada solsticio el Sol renacía para dar inicio a un nuevo ciclo anual, acorde a su particular concepción circular del tiempo.

Este hito marcaba el inicio de las cosechas, por lo que parte del espíritu el rito era pedir al Sol que vuelva a fecundar la tierra. La celebración duraba varios días cargados de comida, bebida, danza y hasta sacrificios.

Si bien con los siglos este rito se ha mantenido como un símbolo de identidad y resistencia de las comunidades indígenas, hoy en día es un evento espiritual ampliamente conocido y respetado entre los locales.

¿Es coincidencia que ambos ritos se celebren en fechas similares?

Por supuesto que no. Al mismo tiempo que suceden estos dos acontecimientos en la región andina, en el hemisferio norte (desde donde nos llegaban las tradiciones cristianas), se celebra el solsticio de verano, momento del año en cual el Sol se encuentra a plenitud.

Este fenómeno ya arrastraba varias tradiciones de celebración en Europa entre diferentes religiones precristianas.

Asimismo, durante esta fecha, en España se celebran las Fiestas de San Juan que, según varios autores, no es más que otro símbolo de la noche más corta del año y que, además, abre la “puerta de los dioses”, como se narra en la mitología griega.

En definitiva, el Corpus Christi nace de la visión sincrética del cristianismo y, sin lugar a dudas, es una celebración solsticial.

Finalmente, estas celebraciones representan ese sincretismo que también está presente en nuestra ciudad en donde se conjuga lo occidental y lo andino, en donde habitan personas con ideologías conservadoras y a la vez progresistas, una ciudad que vive lo tradicional y gusta de la vanguardia.

Entre lo sacro y lo pagano: Corpus-Raymi.

Pedaleando la vida

Cuenca

Han sido semanas intensas y gloriosas para el deporte ecuatoriano. Entre el emotivo triunfo de Carapaz, la medalla de Glenda Morejón y la epopeya de la mini-tri, quizá el exitoso fin de semana de Alfredo Campo quedó algo diluído en este maremágnum de laureles. Sin embargo, los últimos resultados del bicicrosista cuencano nuevamente invitan a ilusionarnos. Repasemos.

El pasado 9 de junio Campo alcanzó el segundo lugar en la quinta válida de la Copa Mundo de Supercross, celebrada en París. Este podio lo situaba tercero en la clasificación general, algo inédito para el deportista en su carrera deportiva en la categoría élite. 

En la sexta válida -corrida a día seguido en la misma locación-, la fortuna le fue esquiva al ciclista al sufrir una caída en cuartos de final. Hoy Alfredo aparece quinto en la general y es el único representante latinoamericano en el “top ten”.

Estos recientes palmarés acrecientan una abarrotada vitrina de éxitos que empezaron a sus tempranos siete años de edad, con el Campeonato Mundial Infantil. Luego, en 2011, alcanzaría el campeonato Junior Elite Men. 

Ya en la categoría élite, ha logrado que la bandera ecuatoriana flamee de manera recurrente en los podios de los juegos bolivarianos, sudamericanos y panamericanos; incluso, en 2018, Campo rompió un histórico “maleficio” y se consagró como el primer latinoamericano en ganar la Serie Profesional Americana en Estados Unidos.

Con bastante probabilidad, en 2020, Alfredo nos representará en los Juegos Olímpicos de Tokio. Será su segunda olimpiada y, desde ya, ha sido categórico en definir su objetivo: “lucharé por esa medalla que tanto nos merecemos”.

Pero más allá de los logros para el país, su aporte más valioso es haberse convertido en un referente e inspiración de cientos de chicos que a diario pedalean con todas sus fuerzas con la ilusión de también llegar algún día a ser profesionales, representar a su país y ganar medallas. 

Niños y jóvenes que han entendido que los sueños solo se alcanzan con perseverancia, confianza en sí mismo y una vida equilibrada; que en el deporte como en la vida hay momentos de éxito y fracaso; y que, como señala Alfredo, “las derrotas son la motivación para esforzarse más”.

Cuenca es la capital ecuatoriana del bicicrós. Por las pistas de La Concordia y el mundo han corrido cuencanos que hoy son leyendas: Daniel Roura, Diego Tamariz, Joaquín Jaramillo, Doménica Azuero, Alfredo Campo, por citar unos pocos. 

Ellos sembraron la semilla de una emergente nueva generación de apasionados bicicrosistas que hoy sueñan con dejar en lo más alto el nombre de nuestra ciudad y país, y también “pedalear la vida”.

Buscar empleo en el siglo XXI

Cuenca, Economía

Conseguir empleo en este nuevo siglo es, precisamente, todo un trabajo. Atrás quedaron aquellas épocas en que únicamente la redacción de un currículum vitae y el tener un “conocido” en la empresa de nuestro interés eran las condiciones necesarias para acceder a una posición laboral.

Hoy las cosas han cambiado significativamente: los anuncios laborales ya no están en los clasificados de los periódicos, el hablar inglés ya no es un “plus” sino un punto de partida y el manejo de la tecnología es tan elemental como saber leer y escribir.

Asimismo, con el advenimiento de la globalización y su consecuente rompimiento de fronteras entre países, hoy un profesional cuencano puede ofrecer sus productos y servicios en cualquier parte del mundo. Y, de la misma manera, también profesionales extranjeros ya se encuentran trabajando en línea en algunas empresas de la ciudad.

En este nuevo escenario de interconectividad, así como se abren nuevas oportunidades para nuestros jóvenes, también emergen amenazas antes las cuales debemos estar preparados. En otras palabras, el mercado laboral nunca antes ha sido tan dinámico.

Hoy las ofertas de trabajo de las empresas se promocionan en portales de internet como multitrabajos o porfinempleo; incluso, hasta el gobierno ecuatoriano gestiona sus vacantes a través de una plataforma similar llamada “socioempleo”. Si bien todavía no desaparece la “hoja de vida” tradicional, nuestra forma de existir en el mercado laboral es a través de un perfil en la red social LinkedIn.

Pero quizá el cambio más significativo radica en que ahora las organizaciones no solo se limitan a evaluar la información que tú eliges y presentas al futuro empleador. Hoy los seleccionadores de personal durante el proceso de contratación “rastrean” tu huella digital en Google y redes sociales; y analizan todas tus otras cualidades y defectos que -siendo de tu vida privada- podrían incidir en el desempeño laboral.

Finalmente, así como ha cambiado la estrategia también ha cambiado el objetivo. Según el Foro Económico Mundial, el 75% de las profesiones del futuro aún no existen y el mercado laboral cambiará más en los próximos cinco años que los últimos cien. Asi, en poco tiempo empezaremos a ver que las empresas requerirán científicos de datos, brokers de redes sociales, electromédicos o ciberasesores financieros. En este escenario, si el gobierno, la academia y la empresariado no ponen esta realidad su agenda a corto plazo, podemos estar expuestos a una profunda crisis por falta de competitividad de nuestros talento humano.

El trabajo, como la energía, no se destruye… se transforma.

Una marca ciudad para Cuenca

Cuenca

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En las últimas décadas las ciudades han pasado a competir entre sí en el mercado global, por lo que -al igual que los productos- aquellas que buscan diferenciarse recurren a diferentes herramientas de marketing para desarrollar atributos y ventajas competitivas. En este escenario, cada vez es más común hablar de la marca ciudad como el intangible idóneo para comunicar la identidad y la imagen de un destino, tanto para los turistas como para los propios ciudadanos.

Del eficaz posicionamiento que llegue a tener una ciudad, en diferentes segmentos y públicos, se obtienen resultados positivos. A nivel externo, captar proyectos de cooperación, inversión directa, alianzas, negocios y, por supuesto, turismo. Asimismo, una adecuada percepción de la ciudad, facilita e impulsa la internacionalización del mercado local. Por otra parte, a nivel interno, tanto el proceso de construcción de la marca así como su ejecución generan un sentimiento de identidad en los ciudadanos, una renovación del entusiasmo por lo local y una sensibilidad especial para impulsar procesos de cambio.

Un ejemplo exitoso es Amsterdam, con su marca I amsterdam, propuesta que sobrepasa el creativo juego de palabras y que se ha convertido en una de las firmas de las ciudad. Comercios, servicios, productos, lugares turísticos llevan con orgullo este logotipo que, como ellos mismo lo señalan, “…es el reflejo de la diversidad, de la cohesión y de la personalidad de todos los ciudadanos de Amsterdam, que juntos construyen la ciudad que aman”.

En la historia reciente local han habido intentos interesantes -todos fallidos- por estructurar una “marca Cuenca”, como herramienta para iniciar el proceso de internacionalización de la ciudad. Sin embargo, desde el inicio, en la coordinación de estos procesos se obvió el natural e indispensable punto de partida: la participación ciudadana.

¿Cómo hacer que funcione?

Se requiere de una alta dosis de voluntad política para abrir un espacio en el que diferentes actores de la sociedad civil participen en la construcción de esta marca ciudad. Solo a partir de una masiva participación se podrán identificar y retratar los diferentes matices y puntos de vista que luego conducirán a una adecuada definición de los objetivos a largo plazo, estrategias, mensajes clave y diseños.

Solo gracias a un proceso de construcción desde adentro hacia afuera se puede llegar a tener un producto que esté por encima de la perspectiva e intereses de los gobiernos de turno; sosteniéndose en el tiempo y protegiéndose de la vanidad de los políticos.

Finalmente, desarrollar una marca ciudad no solo compromete construir una colorida identidad visual y un eslogan popular. Implica un plan integral de repensar la ciudad y de ejecutar desde lo público lo que haga falta para acercarse a esa visión propuesta: regeneración urbana, movilidad, nuevos símbolos arquitectónicos…. todo esto partiendo de que el verdadero valor de la ciudad está en su gente.

Santa Ana de los “Ríos de Quejas”

Cuenca

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Joyas de filigrana, hechas a mano. Fuente: Folleto de fiestas de Cuenca 2017, GAD Cuenca

Hace algunos años, cuando asistía a reuniones de trabajo fuera de la ciudad, siempre me llamó la atención el particular comportamiento de mis colegas cuencanos. Los comentarios y ejemplos utilizados en las sesiones laborales -algunos rozando el chovinismo- siempre ponderaban que en Cuenca las cosas o eran mejores, o podían llegar a serlo en poco tiempo; sea cual sea el tema o disciplina de conversación o análisis.

Lamentablemente, desde hace no mucho he sentido que los cuencanos nos hemos convertido en seres quejumbrosos, negativos y hasta hostiles con nuestra tierra.

Es innegable que durante este lustro hemos sufrido una serie de problemas, percances y contratiempos; quizás sin parangón nuestra historia; sin embargo, la queja y el descontento con nuestra ciudad está llegando a niveles extremos que, incluso, “quejarse” ha pasado a convertirse en la muletilla de emergencia para romper el hielo e iniciar conversaciones en diferentes espacios.

Ante esto, estamos a tiempo para que recuperemos el orgullo de ser cuencanos. Cuenca representa la combinación más deseable de varias cosas. Es sus calles, plazas, casas, iglesias, parques, puentes, museos y ríos. Cuenca es también industria, comercio, gastronomía, artesanía, turismo, historia y tradición.

Pero, por sobre todas las cosas, CUENCA ES SU GENTE.

A nivel nacional nos identifican como ciudadanos cultos y educados, resultado de contar con centros de estudio de alto prestigio en el Ecuador, así como de una larga herencia de instituciones y personajes vinculados con el arte, la cultura, las ciencias e incluso la política.

En lo público y en lo privado, nuestros profesionales son muy requeridos en todas las ciudades, pues ser de Cuenca ha llegado a ser sinónimo de capacidad, honestidad y trabajo responsable.

El cuencano también es emprendedor. Pese a las dificultades históricas de conectividad y logística -todavía muy vigentes-, ha sabido utilizar con inteligencia los recursos disponibles para desarrollar interesantes proyectos de negocio y empresa, a diferentes niveles y alcance.

Y la lista podría extenderse ampliamente. Es así que cada dardo que lanzamos contra la ciudad, sea que apunte a algún político o a una autoridad, a la larga nos hiere a todos en nuestro orgullo, autoestima y sentimiento por Cuenca. Reducir nuestra apreciación y valoración de la ciudad a solo los problemas de obra pública, deja un sabor de ingratitud con nuestra histórica idiosincrasia y especialmente con aquellos que a diario estudian, trabajan y se esfuerzan por hacer de Cuenca una mejor ciudad.

Hay temas pendientes en la ciudad cuya solución, obviamente, está fuera de nuestro alcance y recae en la cancha de las autoridades, en sus diferentes niveles. Es justo, por supuesto, presionar, reclamar y exigir. Sin embargo, existen muchos otros asuntos en la ciudad que requieren inmediata acción y sobre los cuales sí podemos actuar, tener incidencia y marcar la diferencia.

¡Recuperemos el orgullo de ser cuencanos!

Articular la gestión turística en Cuenca

Cuenca, turismo

El Cajas

El Cajas, Cuenca, Ecuador. Fuente: cuenca.com.ec

Desde una perspectiva turística, el feriado del 3 de noviembre pasado fue un éxito rotundo. Cerca de 200 000 personas de todo el país disfrutaron de las actividades festivas, se ocupó el cien por ciento de toda la capacidad hotelera de la ciudad y se inyectó algunos millones de dólares a la economía local. El panorama es alentador para un sector que, durante los últimos años, ha sido golpeado sucesivamente por la crisis económica, las obras en el centro histórico y los problemas de conectividad interna.

Sin duda, este repunte del turismo en la ciudad no es casualidad. Desde los diferentes niveles de gobierno se organizaron campañas promocionales en otras ciudades, eventos musicales, festivales, concursos, ferias, fiestas populares, entre otros atractivos, con el propósito de incentivar la llegada de turistas nacionales. Igualmente, el sector privado también amplió el abanico de atracciones con conciertos, tours, nuevos almacenes y una vasta oferta de actividades nocturnas. Desde todos los frentes, se evidenció un gran esfuerzo.

De la misma manera, desde el GAD Municipal de Cuenca también se han realizado interesantes gestiones de relaciones públicas que han conducido a que la ciudad obtenga galardones como el World Travel Award, llamado el “Oscar” del turismo; y la certificación Destino Sostenible, entregada por la consultora alemana Tourcet. En la misma línea, gracias a la gestión de la asambleísta cuencana Lourdes Cuesta, la Asamblea Nacional reconoció por unanimidad a la ciudad como Destino Turístico de Calidad, mismo que será oficializado a través de un Acuerdo Ministerial. En definitiva, pareciera que el turismo ha recobrado su fuerza y relevancia en todos los espacios de la sociedad.

El próximo paso, en mi opinión, consiste en articular a todas las instituciones, públicas y privadas vinculadas al turismo, hacia la consecución de objetivos concretos para potenciar a la ciudad como destino turístico nacional e internacional. Si la ciudad contara con solo un Plan Estratégico de Turismo, sin duda se optimizaría los recursos y presupuestos de todas las organizaciones y el impacto final sería mucho más contundente.

Basta con imaginar qué pasaría si el Festival de Cine La Orquídea no fuese solo la iniciativa de una institución, sino un esfuerzo mancomunado de todos los niveles de gobierno, academia y empresa privada. Para empezar, se podrían impulsar Ordenanzas para garantizar los fondos anuales para su organización (y evitar cancelaciones), la publicidad -al ser ejecutada por varias instituciones- tendría un mayor impacto a nivel local, nacional e internacional; se contaría con más espacios físicos para funciones, actividades académicas y sociales. Si todo esto pasara, no sería descabellado soñar que nuestro festival de cine llegue a ser el “San Sebastián” de Latinoamérica.

En fin, cumplir estos grandes sueños es mucho más fácil si todos los actores comparten una misma visión que los conduzca a que cada actividad diaria, por más pequeña que esta sea, contribuya a la consecución de objetivos suprainstitucionales. Quizás la academia, por su naturaleza universal y pluralista, puede ser la entidad que convoque y abra este primer espacio de convergencia en donde, por lo menos, se pueda llegar a definir los primeros objetivos a largo plazo para la construcción de la tan necesaria marca ciudad.

Todo dependerá de la voluntad política de quienes están al frente.

¡Qué se paren los cuencanos!

Cuenca, General

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Esta frase, frecuentemente coreada en el estadio Alejandro Serrano Aguilar para apoyar al equipo colorado, es muy bien traída en estas épocas en que el letargo y la sumisión empiezan a ser rasgos predominantes en la personalidad de los otrora aguerridos ciudadanos de esta ciudad.

A pesar de ser -todavía- la tercera ciudad más importante del Ecuador, y una de las principales plazas contribuyentes al erario nacional, hemos sido testigos de como varios actores e instituciones se han burlado de Cuenca: condicionando fondos para obras, amenazando a dirigentes gremiales y autoridades o dilatando procesos e investigaciones.

El aeropuerto, el tranvía, la autopista Cuenca — Azogues, la Ordóñez Lazo, el puente de Sixto, la vía Girón-Pasaje, y un largo etcétera, son algunos de los “dolores de cabeza” que, aunque suene increíble, no han logrado todavía despertar un reclamo masivo y justificado de la ciudadanía.

Con impotencia vemos que las exigencias presentadas a través de las instancias oficiales no pasan de ser un saludo a la bandera, y nos contentamos con creer en el mismo discurso de voluntad y trabajo que presenta el ministro de turno en su visita semestral de cumplimiento del POA dese hace casi ya una década.

Ya en algún momento nos organizamos y pudimos reclamar masivamente por la seguridad en Cuenca, y hubo resultados. Está en nosotros en salir a las calles y exigir las obras que necesita y merece la ciudad.

¡Qué se paren los cuencanos!